PSICOANÁLISIS

La escucha que lo cambió todo

¿Por qué insistimos en lo que daña, si buscamos estar bien?

El psicoanálisis escucha allí donde el lenguaje se ha interrumpido, se ha desplazado o se ha hecho cuerpo.

Psicoanálisis: una escucha diferente

A comienzos del siglo XX, el psicoanálisis no solo inauguró una forma inédita de abordar el malestar psíquico: también transformó para siempre la manera de pensar la subjetividad. Reformuló el modo de concebir los síntomas, la sexualidad, la infancia y el lenguaje. El psicoanálisis no es una técnica entre otras, ni un conjunto de procedimientos estandarizados. Es un modo de escucha que interroga aquello que se repite pese a causar sufrimiento, lo que escapa al sentido común, a la búsqueda de bienestar o a la voluntad consciente. Esta lectura del sufrimiento ha influido no solo en la clínica, sino en toda una cultura: desde el lenguaje cotidiano hasta el cine, la literatura y el pensamiento contemporáneo.

 

Y otro modo de pensar la mente

El psicoanálisis no sólo reinterpretó nociones ya existentes —como las de sueños o síntomas—; también introdujo una serie de conceptos fundamentales que cambiaron el modo de concebir el aparato psíquico. Inconsciente, represión, pulsión, transferencia, deseo inconsciente, formación de síntomas o acto fallido son algunos de los términos que marcaron un antes y un después en la comprensión del psiquismo. Conceptos como trauma, narcisismo, duelo o compulsión, no sólo operan en la clínica, sino también en el modo en que cotidianamente hablamos de lo que sentimos, recordamos o deseamos.

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Psicoanálisis: una escucha diferente

A comienzos del siglo XX, el psicoanálisis no solo inauguró una forma inédita de abordar el malestar psíquico: también transformó para siempre la manera de pensar la subjetividad. Reformuló el modo de concebir los síntomas, la sexualidad, la infancia y el lenguaje. El psicoanálisis no es una técnica entre otras, ni un conjunto de procedimientos estandarizados. Es un modo de escucha que interroga aquello que se repite pese a causar sufrimiento, lo que escapa al sentido común, a la búsqueda de bienestar o a la voluntad consciente. Esta lectura del sufrimiento ha influido no solo en la clínica, sino en toda una cultura: desde el lenguaje cotidiano hasta el cine, la literatura y el pensamiento contemporáneo.


 

Y otro modo de pensar la mente

El psicoanálisis no sólo reinterpretó nociones ya existentes —como las de sueños o síntomas—; también introdujo una serie de conceptos fundamentales que cambiaron el modo de concebir el aparato psíquico. Inconsciente, represión, pulsión, transferencia, deseo inconsciente, formación de síntomas o acto fallido son algunos de los términos que marcaron un antes y un después en la comprensión del psiquismo. Conceptos como trauma, narcisismo, duelo o compulsión, no sólo operan en la clínica, sino también en el modo en que cotidianamente hablamos de lo que sentimos, recordamos o deseamos.


 

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Dos abordajes del sufrimiento

Dos abordajes del sufrimiento

 

El psicoanálisis introdujo una forma inédita de pensar el sufrimiento como una formación que condensa algo de la historia del sujeto. Mientras el psicoanálisis continuó profundizando sus desarrollos y su clínica en torno al inconsciente, la sexualidad y la historia individual, otras corrientes buscaron respuestas en torno a la consciencia, el control del comportamiento o la modificación del pensamiento.

Por eso no es raro que quienes consultan pregunten cuál es la diferencia entre el psicoanálisis y las terapias llamadas cognitivas o conductuales. La diferencia no está solo en las técnicas, sino en la concepción misma de lo que significa estar implicado en lo que a uno le pasa.

 

El psicoanálisis introdujo una forma inédita de pensar el sufrimiento como una formación que condensa algo de la historia del sujeto. Mientras el psicoanálisis continuó profundizando sus desarrollos y su clínica en torno al inconsciente, la sexualidad y la historia individual, otras corrientes buscaron respuestas en torno a la consciencia, el control del comportamiento o la modificación del pensamiento.

Por eso no es raro que quienes consultan pregunten cuál es la diferencia entre el psicoanálisis y las terapias llamadas cognitivas o conductuales. La diferencia no está solo en las técnicas, sino en la concepción misma de lo que significa estar implicado en lo que a uno le pasa.

Terapias cognitivo-conductuales

Las terapias de la conducta tienen su origen en los trabajos de Iván Pávlov sobre los reflejos condicionados en animales. A partir de sus investigaciones, John Watson propuso eliminar el estudio de la subjetividad en nombre de la objetividad científica, y consideró que el método experimental debía limitarse a la observación de conductas externas, como en el laboratorio animal.

Más tarde, el estudio del aprendizaje derivó en la corriente cognitiva, que entiende que los procesos mentales —creencias, pensamientos, esquemas— determinan las conductas observables. Desde esta perspectiva, los síntomas serían el resultado de pensamientos distorsionados o irracionales, que pueden corregirse mediante técnicas de reeducación.

 

El modelo clínico que se deriva de esta concepción busca identificar esos pensamientos “erróneos”, para sustituirlos por otros considerados más adecuados o adaptativos, muchas veces sugeridos directamente por el terapeuta. Se parte del supuesto de que existe un modo correcto de pensar, y que el bienestar se alcanza cuando el paciente logra ajustar su pensamiento a ese patrón.

La psicología, desde este enfoque, se alinea con las ciencias naturales: el paciente es entendido como un organismo cuantificable, evaluable y modificable. El objetivo es reconducirlo a un estado de equilibrio o normalidad que suele definirse en términos de adaptación al entorno.

Terapias cognitivo-conductuales

Las terapias de la conducta tienen su origen en los trabajos de Iván Pávlov sobre los reflejos condicionados en animales. A partir de sus investigaciones, John Watson propuso eliminar el estudio de la subjetividad en nombre de la objetividad científica, y consideró que el método experimental debía limitarse a la observación de conductas externas, como en el laboratorio animal.

Más tarde, el estudio del aprendizaje derivó en la corriente cognitiva, que entiende que los procesos mentales —creencias, pensamientos, esquemas— determinan las conductas observables. Desde esta perspectiva, los síntomas serían el resultado de pensamientos distorsionados o irracionales, que pueden corregirse mediante técnicas de reeducación.

 

El modelo clínico que se deriva de esta concepción busca identificar esos pensamientos “erróneos”, para sustituirlos por otros considerados más adecuados o adaptativos, muchas veces sugeridos directamente por el terapeuta. Se parte del supuesto de que existe un modo correcto de pensar, y que el bienestar se alcanza cuando el paciente logra ajustar su pensamiento a ese patrón.

La psicología, desde este enfoque, se alinea con las ciencias naturales: el paciente es entendido como un organismo cuantificable, evaluable y modificable. El objetivo es reconducirlo a un estado de equilibrio o normalidad que suele definirse en términos de adaptación al entorno.


 

Psicoanálisis

El psicoanálisis parte de una premisa radical: el ser humano no está en unidad consigo mismo. No se trata solo de contradicciones puntuales, sino de una división estructural entre aquello que busca placer y aquello que, al mismo tiempo, se orienta hacia el sufrimiento. Esta división no es producto de un error racional ni de un pensamiento disfuncional: es constitutiva del sujeto.

Esa división se expresa de forma clara en los síntomas. Es común que alguien se queje de una conducta que le causa malestar y, sin embargo, rechace cualquier propuesta de modificarla. El síntoma encarna esta ambivalencia: aquello de lo que se sufre y a lo que, al mismo tiempo, se está íntimamente ligado.

El inconsciente, en su funcionamiento, repite y organiza esa división. De ahí la recurrencia de frases como “siempre me pasa lo mismo”, “no consigo salir de esto”, que expresan no solo una frustración, sino también una estructura que insiste.

Psicoanálisis

El psicoanálisis parte de una premisa radical: el ser humano no está en unidad consigo mismo. No se trata solo de contradicciones puntuales, sino de una división estructural entre aquello que busca placer y aquello que, al mismo tiempo, se orienta hacia el sufrimiento. Esta división no es producto de un error racional ni de un pensamiento disfuncional: es constitutiva del sujeto.

Esa división se expresa de forma clara en los síntomas. Es común que alguien se queje de una conducta que le causa malestar y, sin embargo, rechace cualquier propuesta de modificarla. El síntoma encarna esta ambivalencia: aquello de lo que se sufre y a lo que, al mismo tiempo, se está íntimamente ligado.

El inconsciente, en su funcionamiento, repite y organiza esa división. De ahí la recurrencia de frases como “siempre me pasa lo mismo”, “no consigo salir de esto”, que expresan no solo una frustración, sino también una estructura que insiste.

Por eso el psicoanálisis no se propone suprimir el síntoma a cualquier precio. Sabe que, si no se aborda su lógica, el síntoma se desplaza y reaparece, bajo la misma forma o bajo una nueva. No se trata de eliminarlo sin más, sino de entender qué historia condensa, qué función cumple y qué deseo lo sostiene.

Por eso el psicoanálisis no se propone suprimir el síntoma a cualquier precio. Sabe que, si no se aborda su lógica, el síntoma se desplaza y reaparece, bajo la misma forma o bajo una nueva. No se trata de eliminarlo sin más, sino de entender qué historia condensa, qué función cumple y qué deseo lo sostiene.


Escuchar al síntoma

El psicoanálisis no considera al síntoma como un simple error o disfunción, sino como una manifestación legítima: una forma en la que algo verdadero del sujeto busca expresarse, incluso a su pesar. Por eso no parte de suprimirlo, sino de escucharlo. Para ello, invita al paciente a hablar: de sus pensamientos, recuerdos, emociones, sueños, incluso de lo que podría parecer nimio o incoherente. En ese decir, el paciente empieza a descubrir sentidos antes no formulados y a asumir su deseo. Es desde ahí —y no desde la adaptación o la corrección— que puede reducirse el sufrimiento.

El psicoanálisis trabaja desde lo singular, caso por caso, ya que el bienestar no es general ni ajustado a una supuesta «normalidad», sino particular de cada paciente. Por eso el psicoanalista se  abstiene de dar indicaciones o consejos y opera desde  la escucha y los señalamientos, ya que sólo el paciente puede decir, pues sólo él conoce, aquello que verdaderamente le concierne

Escuchar al síntoma

El psicoanálisis no considera al síntoma como un simple error o disfunción, sino como una manifestación legítima: una forma en la que algo verdadero del sujeto busca expresarse, incluso a su pesar. Por eso no parte de suprimirlo, sino de escucharlo. Para ello, invita al paciente a hablar: de sus pensamientos, recuerdos, emociones, sueños, incluso de lo que podría parecer nimio o incoherente. En ese decir, el paciente empieza a descubrir sentidos antes no formulados y a asumir su deseo. Es desde ahí —y no desde la adaptación o la corrección— que puede reducirse el sufrimiento.

El psicoanálisis trabaja desde lo singular, caso por caso, ya que el bienestar no es general ni ajustado a una supuesta «normalidad», sino particular de cada paciente. Por eso el psicoanalista se  abstiene de dar indicaciones o consejos y opera desde  la escucha y los señalamientos, ya que sólo el paciente puede decir, pues sólo él conoce, aquello que verdaderamente le concierne


 

Mónica Pereira Vaccaro – Psicóloga Sanitaria, Psicoanalista

Av. Diagonal, 296, Entresuelo 2 (E2), 08013 Barcelona

+34 664 847 665
pereiravaccaro@protonmail.com

Cómo llegar:

Metro: L1 Glòries, L2 Monumental, L5 Sagrada Família

Bus: 7, H12, H10, H14, V21, V23, V25, D50

Renfe: Clot

Barrios cercanos: Sagrada Família, Clot, Fort Pienc, Sant Martí, Eixample

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